domingo, 16 de octubre de 2011

Vigésimo Noveno Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A


Domingo 16 de Octubre, 2011

Día del Señor
Cantemos la grandeza del Señor
“Reina el Señor”, digamos a los pueblos

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías (45, 1. 4-6)
Así habló el Señor a Ciro, su ungido, a quien ha tomado de la mano para someter ante él a las naciones y desbaratar la potencia de los reyes, para abrir ante él los portones y que no quede nada cerrado: “Por amor a Jacob, mi siervo, y a Israel, mi escogido, te llamé por tu nombre y te di un título de honor, aunque tú no me conocieras.
Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay Dios. Te hago poderoso, aunque tú no me conoces, para que todos sepan, de oriente a occidente, que no hay otro Dios fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro”.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 95
Cantemos la grandeza del Señor.
Cantemos al Señor un canto nuevo, que le cante al Señor toda la tierra. Su grandeza anunciemos a los pueblos; de nación en nación sus maravillas.

Cantemos al Señor, porque él es grande, más digno de alabanza y más tremendo que todos los dioses paganos, que ni existen; ha sido el Señor quien hizo el cielo.

Alaben al Señor, pueblos del orbe, reconozcan su gloria y su poder y tribútenle honores a su nombre. Ofrézcanle en sus atrios sacrificios.

Caigamos en su templo de rodillas. Tiemblen ante el Señor los atrevidos. “Reina el Señor”, digamos a los pueblos. El gobierna a las naciones con justicia.

Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses (1, 1-5)
Pablo, Silvano y Timoteo deseamos la gracia y la paz a la comunidad cristiana de los tesalonicenses, congregada por Dios Padre y por Jesucristo, el Señor.
En todo momento damos gracias a Dios por ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar las obras que manifiestan la fe de ustedes, los trabajosfatigosos que ha emprendido su amor y la perseverancia que les da su esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.
Nunca perdemos de vista, hermanos muy amados de Dios, que él es quien los ha elegido.
En efecto, nuestra predicación del Evangelio entre ustedes no se llevó a cabo sólo con palabras, sino también con la fuerza del Espíritu Santo, que produjo en ustedes abundantes frutos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (22, 15-21)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas  insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.
Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le  dijeran: “Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas:
¿Es lícito o no pagar el tributo al César?”
Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó:
“Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo”.  Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?”
Le respondieron: “Del César”.
Y Jesús concluyó: “Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Comentario a la Palabra de Dios
            Queridos hermanos y hermanas, que el Dios de la vida permanezca siempre con todos ustedes y que la paz de Cristo habite en sus corazones y sean signo de la presencia del Amor en medio del mundo por medio de la acción del Espíritu Santo.
            El evangelio de hoy es una escena de controversia donde los fariseos buscan el modo de comprometer a Jesús en sus palabras, con el fin de hallar un motivo para acusarlo. En el texto de hoy se habla sobre el tributo debido al César.
            El censo realizado a la población y el impuesto personal que todos debían pagar, eran los signos más claros de la dominación y ocupación del imperio romano sobre Palestina.
            El problema está planteado por la pregunta hecha a Jesús: “¿Es lícito o no pagar el tributo al César?”. Tal pregunta así planteada –como dice el evangelio- era efectuada con malicia, pues intentaba poner a Jesús en una encrucijada, pues si respondía tanto con un SÍ como con un NO, iba a ser puesto en tela de juicio. Si decía que Sí, entonces se ponía de parte del imperio, del poder opresor, consentía que alguien se ponga por rey, señor y dios de todos; si decía u optaba por el No, entonces era enemigo del César y se le podía reprochar que incitaba al pueblo para no pagar el impuesto al César (como leemos en el proceso realizado a Jesús).
            Es así como la pregunta venía y tenía encerrada una cierta malicia, y por tanto, estaba realizada de tal manera para que -tanto si respondía afirmativamente como negativamente- Jesús quedara mal ante el  pueblo.
            Pero conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó:
“Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo”.  Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?” (porque en la moneda que tenía la imagen del César estaba redactado: “Tiberio César, hijo del dios Augusto”)
Le respondieron: “Del César”. Y Jesús concluyó: “Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.
            Jesús resuelve inteligente y sabiamente la situación, pues no se pone en contra de nadie, sino que pide una moneda y en ella les pregunta quién está, de ahí les dice, entonces den al César lo que es del César. Con esto Jesús indica que el poder político no está en contra ni en contradicción del poder religioso. Pero en cierto modo el poder político depende del poder religioso, pues “no tendrías poder sobre mí si no te hubiera sido dado de lo alto” (Jn 19, 11). Y la expresión: “…y a Dios lo que es de Dios”, nos sitúa en que Dios es más grande e independiente del poder político de turno. Y que sólo a Dios debemos rendirle culto, y no a un mortal.
            Por otra parte, efectivamente, los que en la vida cotidiana usan la moneda acuñada por el César, están reconociendo su soberanía sobre ellos y van legitimando así los impuestos que pagan al poder opresor.
            Es así como la respuesta de Jesús tiene su fuerza en la segunda parte: “y a Dios lo que es de Dios”, pues nos ayuda a recordar que el primer lugar y el centro de la misión es la predicación del Reino; y dar
a Dios lo que es de Dios, supone darle la primacía a Dios y poner al César en su justo lugar.
            Pidamos al señor que vivamos comprometidos con el Reino de Dios que crece y se va gestando en la sociedad; así podremos dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, viviendo realmente como buenos cristianos y honrados ciudadanos. Amén.

jueves, 6 de octubre de 2011

Vigésimo Octavo Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A


Domingo 09 de Octubre, 2011

Día del Señor
Habitaré en la casa del Señor toda la vida
Muéstranos, Señor, tu misericordia

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías (25, 6-10)
En aquel día, el Señor del universo preparará sobre este monte un festín con platillos suculentos para todos los pueblos; un banquete con vinos exquisitos y manjares sustanciosos. El arrancará en este monte el velo que cubre el rostro de todos los pueblos, el paño que oscurece a todas las naciones. Destruirá la muerte para siempre; el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros y borrará de toda la tierra la afrenta de su pueblo. Así lo ha dicho el Señor.
En aquel día se dirá: “Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara. Alegrémonos y gocemos con la salvación que nos trae, porque la mano del Señor reposará en este monte”.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 22
Habitaré en la casa del Señor toda la vida.
El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas.

Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad.

Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes.

 Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los filipenses (4, 12-14. 19-20)
Hermanos: Yo sé lo que es vivir en pobreza y también lo que es tener de sobra. Estoy acostumbrado a todo: lo mismo a comer bien que a pasar hambre; lo mismo a la abundancia que a la escasez.
Todo lo puedo unido a aquel que me da fuerza. Sin embargo, han hecho ustedes bien en socorrerme cuando me vi en dificultades.
Mi Dios, por su parte, con su infinita riqueza, remediará con esplendidez todas las necesidades de ustedes, por medio de Cristo Jesús. Gloria a Dios, nuestro Padre, por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (22, 1-14)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
“El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.
Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda’. Pero los invitados no hicieron caso.
Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.
Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego les dijo a sus criados:
‘La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren’. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.
Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?’ Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados:
‘Atenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos’”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Comentario a la Palabra de Dios
            Queridos hermanos y hermanas, que el Dios de la vida permanezca siempre con todos ustedes y que la paz de Cristo habite en sus corazones y sean signo de la presencia del Amor en medio del mundo por medio de la acción del Espíritu Santo.
            La lectura del Profeta Isaías es un anuncio de lo que Dios nos promete y que vivimos en cierto modo aquí en la tierra por la amistad con Él, más allá de las pruebas por las que pasamos. Y si leemos esta lectura en la clave del Evangelio (la redención para todos, y en especial para aquellos que se abren a la invitación de Dios) nos ayuda a comprender mejor la parábola que Jesús nos regala. Hay una promesa de vida por parte de Dios que es dirigida a todos y la realización de tal promesa es el gozo, la liberación del mal, de las lágrimas, de la muerte. Y el signo más claro –y escatológico- es el banquete al cual están todos invitados: signo de la alegría que proviene de un sabernos amados y liberados de todo mal, y saciados de Dios mismo.
            El Evangelio nos muestra -mediante una parábola- lo que significa la instauración del Reino de Dios aquí en la tierra, por eso decíamos que con la primera lectura se comprendía bien su significado, pues la plenitud de tal banquete es la vida eterna, la felicidad eterna, pero para ello es necesaria nuestra colaboración. La parábola se dirige a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, es decir, se dirige a los responsables de ayudar y acompañar al pueblo de Dios a la felicidad, al bien, al encuentro con Dios. Creo que la situación creada con la llegada de Jesús, es decir, del Reino de Dios en la persona de Jesús, se describe muy bien en la parábola.
            Se nos dice de un Rey que llama a la fiesta –lo cual puede darnos a entender que se trata de Dios- y tal fiesta que celebra es la boda de su hijo –que podemos interpretar como las bodas de Jesús-. El Rey mediante sus criados hace distintas invitaciones, pero los invitados se desentienden de ello, y no sólo eso, sino que maltratan y matan a los servidores –los profetas-. La muestra de tal disconformidad está a la vista con los actos de indiferencia y de violencia.
            Sin embargo, el Rey vuelve a abrir la invitación, pero esta vez llama a todos a la fiesta, malos y buenos, hasta llenar la sala del banquete. Y lo segundo que hace es terminar con los que han rechazado la invitación y prender fuego la ciudad. Pareciera que a la parábola se le han añadido los versículos 6 y 7, que Lucas desconoce totalmente. Podría ser que estos versículos sean un agregado, fruto de la interpretación de la comunidad mateana, que puede tener su fundamento en la destrucción de Jerusalén del año 70.
            Cuando el Rey hace la invitación lo hace diciéndoles: “Todo está a punto. Vengan a la boda”; la invitación puede entenderse como un llamado a dejarlo todo y seguir la llamada, lo cual implica un cambio: “Conviértanse, el Reino de los cielos está cerca” (Mt 4, 17).
            Siguiendo la lógica de la parábola, terminaría con el versículo 10: “La sala del banquete se llenó de comensales”, es el nuevo pueblo de Dios reunido por las “bodas del Hijo” abriendo las puertas a todos, buenos y malos. Pero nuevamente nos encontramos con otro cambio, y es que en los últimos versículos se puede ver un juicio (“Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?’ Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: ‘Atenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos’”);
con esto se nos dice que no basta la llamada, sino que también debe haber una respuesta y tal respuesta debe ir acorde a la invitación recibida por el Rey (por Dios), por eso no se sigue que el pertenecer a la iglesia por ser bautizados sea un pase seguro a la entrada en el Reino, es necesaria una transformación, una conversión personal, que está expresada con la imagen del traje de fiesta a la que se refiere el Rey. El hecho concluye con la expulsión (o auto-expulsión) de la boda de aquél que no tenía traje de fiesta; él mismo se ha excluido de la salvación.
            El texto culmina con una sentencia: “muchos son los llamados y pocos los escogidos”, que podamos tomar conciencia de esta llamada-invitación que el Padre nos hace a participar de las bodas del Hijo, de la Pascua de Jesús, para que recibiendo la llamada nos acerquemos con un corazón dispuesto a la conversión y poder recibir el traje de fiesta; sabemos que no es fácil esta tarea, por eso sabemos que la fuerza proviene de Jesucristo, pues “todo lo puedo en aquel que me conforta”. Amén.

sábado, 1 de octubre de 2011

Vigesimo Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario-Ciclo A


Domingo 02 de Octubre, 2011

Día del Señor
La viña del Señor es la casa de Israel
Bueno es el Señor con los que en él confían

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías (5, 1-7)
Voy a cantar, en nombre de mi amado, una canción a su viña. Mi amado tenía una viña en una ladera fértil. Removió la tierra, quitó las piedras y plantó en ella vides selectas; edificó en medio una torre y excavó un lagar. El esperaba que su viña diera buenas uvas, pero la viña dio uvas agrias.
Ahora bien, habitantes de Jerusalén y gente de Judá, yo les ruego, sean jueces entre mi viña y yo. ¿Qué más pude hacer por mi viña, que yo no lo hiciera? ¿Por qué cuando yo esperaba que diera uvas buenas, las dio agrias?
Ahora voy a darles a conocer lo que haré con mi viña; le quitaré su cerca y será destrozada. Derribaré su tapia y será pisoteada. La convertiré en un erial, nadie la podará ni le quitará los cardos, crecerán en ella los abrojos y las espinas, mandaré a las nubes que no lluevan sobre ella.
Pues bien, la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantación preferida. El Señor esperaba de ellos que obraran rectamente y ellos, en cambio, cometieron iniquidades; él esperaba justicia y sólo se oyen reclamaciones.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 79
La viña del Señor es la casa de Israel.
Señor, tú trajiste de Egipto una vid, arrojaste de aquí a los paganos y la plantaste; ella extendió sus sarmientos hasta el mar y sus brotes llegaban hasta el río.

Señor, ¿por qué has derribado su cerca, de modo que puedan saquear tu viña los que pasan, pisotearla los animales salvajes, y las bestias del campo destrozarla?

Señor, Dios de los ejércitos, vuelve tus ojos, mira tu viña y visítala; protege la cepa plantada por tu mano, el renuevo que tú mismo cultivaste.

Ya no nos alejaremos de ti; consérvanos la vida y alabaremos tu poder. Restablécenos, Señor, Dios de los ejércitos, míranos con bondad y estaremos a salvo.

Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los filipenses (4, 6-9)
Hermanos: No se inquieten por nada; más bien presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios en la oración y la súplica, llenos de gratitud. Y que la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, custodie sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
Por lo demás, hermanos, aprecien todo lo que es verdadero y noble, cuanto hay de justo y puro, todo lo que es amable y honroso, todo lo que sea virtud y merezca elogio.
Pongan por obra cuanto han aprendido y recibido de mí, todo lo que yo he dicho y me han visto hacer; y el Dios de la paz estará con ustedes.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (21, 33-43)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.
Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.
Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?” Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”.
Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?
Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Comentario a la Palabra de Dios
            Queridos hermanos y hermanas, que el Dios de la vida permanezca siempre con todos ustedes y que la paz de Cristo habite en sus corazones y sean signo de la presencia del Amor en medio del mundo por medio de la acción del Espíritu Santo.
            La lectura del profeta Isaías que leemos hoy nos pone en el contexto en que vivía Israel: una decadencia en el reino de Judá con una política de autoritarismo, de represión. E Isaías utiliza la palabra de Dios que se le comunica -por ser profeta y servidor de la palabra, comprometido- para hacer presente la voluntad de Dios en esta «Canción de la viña». “Pues bien, la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantación preferida. El Señor esperaba de ellos que obraran rectamente y ellos, en cambio, cometieron iniquidades; él esperaba justicia y sólo se oyen reclamaciones”.
            La lectura del evangelio en la predicación de Jesús, nos presenta un mensaje similar, y usa el mismo lenguaje e imágenes de la viña para expresar su mensaje.
            Muchos grupos en la época de Jesús consideraban que la salvación de Israel era el objetivo de Dios, sólo que no por todos esta salvación era bien interpretada, pues si bien la salvación presentada por Dios es para toda la humanidad, para muchos la salvación era entendida en clave de liberación del poder de turno, para otros era la implementación o instauración del reino mediante el cumplimiento de las leyes y de la purificación en su cumplimiento, etc. Así cada grupo o sector social esperaba un Mesías según su propia medida; y a la vez, los que estaban encargados de guiar al pueblo y los responsables de velar por él y por su bienestar político-religioso, sintieron que, al venir los profetas y servidores -que denunciaban y anunciaban el querer de Dios-, peligraba su autoridad y su lugar en medio del pueblo.
            La parábola de Jesús viene dirigida sobre todo a los ancianos y sacerdotes del pueblo, a quienes se les confió el pueblo de Dios, la viña de Dios, para que creciera y diera frutos pero, frente a estos servidores de la palabra de Dios, sintieron que se les podía quitar tal poder, veían a éstos como quienes podían usurparles la viña, y por eso los mataron. Pero Dios pensó en enviar a su propio Hijo, para poder tomar posesión de la viña y de sus frutos, pero también fue rechazado y eliminado. La parábola es muy clara, se refiere a la historia de pecado del pueblo de Israel, sobre todo en aquellos a quienes se les había encomendado el pueblo, la viña de Dios.
            El Reino de Dios, su viña, no es propiedad privada de nadie ni de ningún grupo de turno en particular, y nadie se debe arrogar el título de jefe, puesto que el Señor Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad mediante la caridad. Dios quiere que obremos como Él mismo y como su Hijo Jesucristo: vivir comprometidos con la vida, todo debe ir de acuerdo y en coherencia, tanto las acciones como las palabras. Por otra parte, la salvación no es privativa del pueblo judío, sino que es para toda la humanidad: el Padre envía a Jesús para que todos «tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10).          
            La denuncias que realiza Jesús mediante la parábola de los viñadores homicidas, es el reclamo de una vida de un pueblo que no puede caminar en la libertad de los hijos de Dios debido a que otros se apropian de la gracia y no dejan crecer a los demás, el Dios de Jesús es un Dios «que ama la vida» (Sab 11, 26), por eso es capaz de dar su vida en rescate por nosotros, por su viña, concediéndonos su misma vida divina, aquella que nadie puede darnos sino sólo Él.   
            Nosotros, que somos sus seguidores, o al menso es nuestro deseo, debemos obrar de la misma manera, no sintiéndonos dueños de su viña sino poniéndonos totalmente al servicio del Reino (Mt 10,39).
Jesús, el Hijo del hombre, está dispuesto a dar su vida en rescate por todos (Mt 20,28). De él hemos aprendido lo que significa dar la vida por los hermanos (Jn 10,11).       
            Nos sumamos a tantos cristianos, hermanos nuestros, que optan y apuestan su vida por el Reino, por la Viña de Dios, aun con el riesgo de perder la propia vida. Que podamos vivir cada uno como servidores de los demás, de nuestros hermanos, no acaparando para nosotros la gracia y la salvación que provienen de Dios, sino donando nuestra vida por el Reino como lo hicieron los profetas y el mismo Jesús en forma plena. Amén.