miércoles, 19 de octubre de 2011


Domingo 23 de Octubre, 2011

Jornada Mundial de las Misiones
Alégrese el corazón de los que buscan al Señor
Tú, Señor, eres mi refugio
Bendito seas, Señor, que me proteges

Primera Lectura
Lectura del libro del Éxodo (22, 20-26)
Esto dice el Señor a su pueblo:
“No hagas sufrir ni oprimas al extranjero, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto. No explotes a las viudas ni a los huérfanos, porque si los explotas y ellos claman a mí, ciertamente oiré yo su clamor; mi ira se encenderá, te mataré a espada, tus mujeres quedarán viudas y tus hijos, huérfanos.
Cuando prestes dinero a uno de mi pueblo, al pobre que está contigo, no te portes con él como usurero, cargándole intereses.
Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, devuélveselo antes de que se ponga el sol, porque no tiene otra cosa con qué cubrirse; su manto es su único cobertor y si no se lo devuelves, ¿cómo va a dormir? Cuando él clame a mí, yo lo escucharé, porque soy misericordioso”.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 17
Tú, Señor, eres mi refugio. 
Yo te amo, Señor, tú eres mi fuerza, el Dios que me protege y me libera.

Tú eres mi refugio, mi salvación, mi escudo, mi castillo. Cuando invoqué al Señor de mi esperanza, al punto me libró de mi enemigo.

Bendito seas, Señor, que me proteges; que tú, mi salvador, seas bendecido. Tú concediste al rey grandes victorias y mostraste tu amor a tu elegido.

Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses (1, 5-10)
Hermanos: Bien saben cómo hemos actuado entre ustedes para su bien. Ustedes, por su parte, se hicieron imitadores nuestros y del Señor, pues en medio de muchas tribulaciones y con la alegría que da el Espíritu Santo, han aceptado la palabra de Dios en tal forma, que han llegado a ser ejemplo para todos los creyentes de Macedonia y Acaya, porque de ustedes partió y se ha difundido la palabra del Señor; y su fe en Dios ha llegado a ser conocida, no sólo en Macedonia y Acaya, sino en todas partes; de tal manera, que nosotros ya no teníamos necesidad de decir nada.
Porque ellos mismos cuentan de qué manera tan favorable nos acogieron ustedes y cómo, abandonando los ídolos, se convirtieron al Dios vivo y verdadero para servirlo, esperando que venga desde el cielo su Hijo, Jesús, a quien él resucitó de entre los muertos, y es quien nos libra del castigo venidero.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (22, 34-40)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, habiéndose enterado los fariseos de que Jesús había dejado callados a los saduceos, se acercaron a él. Uno de ellos, que era doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?”
Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Comentario a la Palabra de Dios
            Queridos hermanos y hermanas, que el Dios de la vida permanezca siempre con todos ustedes y que la paz de Cristo habite en sus corazones y sean signo de la presencia del Amor en medio del mundo por medio de la acción del Espíritu Santo.
            En el Evangelio de hoy volvemos a ver que los que interrogan a Jesús lo hacen con una mala intención, de probarlo y de agarrarlo en alguna afirmación para atacarlo. Quienes lo cuestionan son un grupo de fariseos luego del fracaso de los saduceos contra Jesús. Quizás para nosotros la pregunta no tiene mucha relevancia, pues conocemos el mensaje de Jesús, pero para ellos -los contemporáneos a Jesús- era una cuestión tratada en las distintas escuelas rabínicas, pues los Maestros de la Ley distinguían y decían que los preceptos eran 248 y las prohibiciones 365 en total.
            Por eso mismo la pregunta –más allá de la intención de quienes preguntan- era compleja, pues en medio de tantas prescripciones uno podía marearse, pero la respuesta de Jesús aporta algo nuevo, pues no subraya el precepto del amor a Dios como único, fundamental y en primer lugar respecto a los demás, pues se suponía que los judíos sabían y conocían la prioridad absoluta de Dios por sobre todo y por tanto este precepto que recitaban dos veces al día (por la mañana y por la noche) debía ser el principal entre todos (Dt 6, 4-5), y que además se lo bordaba en las mangas de los vestidos y se lo escribía en los dinteles de las puertas.
            Lo que agrega Jesús como nuevo es: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el más grande y el primero de los mandamientos. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se fundan toda la ley y los profetas”. Si bien no pone a un mismo nivel el precepto del amor a Dios y el precepto del amor al prójimo, pues tienen su orden de prioridad, sí declara más exactamente que ambos preceptos son inseparables y forman el centro y fundamento de toda la Ley y los Profetas.
            La respuesta de Jesús es fundamental para la vida cristiana, para quien se decide seguirlo, pues es justamente lo que Él enseñó: el amor a Dios no se entiende separado del amor al prójimo, y esto lo demuestra en muchas oportunidades, como lo hace en la parábola del buen samaritano, no por nada dice habla de dos personajes religiosos que pasan y no hacen nada y quien se detiene a socorrer al que está herido es un samaritano; quienes son levitas o doctores de la Ley saben muy bien de la ley del amor a Dios, pero les cuesta quizás vivirlo con el prójimo. Jesús mismo lo demostró cuando lo crucificaron: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”; “te aseguro que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso” (al ladrón arrepentido)... y así podríamos pasar muchos texto que hablan de esta unidad en el amor. Es que Dios es Amor, y quien ama a Dios debe –por tanto- amar a sus hermanos. San Juan lo expresa en su primera carta de una manera clara y tajante: "Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso. Pues el que no ama a su hermano, al que ve, no es posible que ame a Dios, a quien no ve” (1 Jn 4,20). Y así es, pues querer separar -en la vida cristiana- el mandamiento del amor a Dios y del amor al prójimo sería algo tan absurdo como intentar separar a Cristo su humanidad de su divinidad. Estos dos mandamientos, si bien tienen una distinción, los dos aparecen como dos aspectos de un mismo mandamiento, pues no se entienden separados el uno del otro; y tal es así que cualquier otra ley que sea representación de la voluntad divina debe ser expresión de este amor único en sus dos aspectos.
            Por otra parte, Jesús da un nuevo sentido al concepto de “prójimo”, pues el judaísmo, sobre todo en tiempo de Jesús, miraba en el prójimo sólo aquellos que compartían las mismas creencias, pero no así el extranjero y el pagano (como lo presenta la 1° lectura del libro Éxodo que hoy leemos: Ex 22, 20-26). Esto que hace Jesús, de incluir en toda persona al prójimo, es algo nuevo, pues cualquiera es objeto del amor de Dios, y así debe ser para todo aquél que viva verdaderamente el seguimiento de Jesús.
            Aquí se dejan de lado las diferencias de raza, creencias y condición para tomar a cada persona por prójimo y por objeto del mismo amor a Dios; con esto el mismo Jesús anula toda diferencia y discriminación. Pero hay todavía una cosa más, Jesús manda amar al prójimo como a sí mismo; por tanto, hay un mayor compromiso en el cuidado del otro, y si seguimos con la reflexión, podríamos decir que al amar a Dios lo hacemos porque Él nos amó primero, y si nos amamos personalmente con un poco del amor y de la misericordia que Él nos tiene, entonces ese amor al prójimo como a sí mismo se transforma en un amor como Dios mismo nos ama. Por eso debemos afirmar que el primado del amor de Dios, a quien hay que amar con todas las fuerzas, debe ocupar el primer lugar en nuestro corazón junto con el amor al prójimo.
            Pidamos al Señor que nos conceda la gracia de sentirnos amados profundamente por Él, para poder también nosotros amar a nuestros hermanos (prójimo) de cualquier condición con el amor con que nosotros somos amados por Él. Amén.

domingo, 16 de octubre de 2011

Vigésimo Noveno Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A


Domingo 16 de Octubre, 2011

Día del Señor
Cantemos la grandeza del Señor
“Reina el Señor”, digamos a los pueblos

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías (45, 1. 4-6)
Así habló el Señor a Ciro, su ungido, a quien ha tomado de la mano para someter ante él a las naciones y desbaratar la potencia de los reyes, para abrir ante él los portones y que no quede nada cerrado: “Por amor a Jacob, mi siervo, y a Israel, mi escogido, te llamé por tu nombre y te di un título de honor, aunque tú no me conocieras.
Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay Dios. Te hago poderosoaunque tú no me conoces, para que todos sepan, de oriente a occidente, que no hay otro Dios fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro”.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 95
Cantemos la grandeza del Señor.
Cantemos al Señor un canto nuevo, que le cante al Señor toda la tierra. Su grandeza anunciemos a los pueblos; de nación en nación sus maravillas.

Cantemos al Señor, porque él es grande, más digno de alabanza y más tremendo que todos los dioses paganos, que ni existen; ha sido el Señor quien hizo el cielo.

Alaben al Señor, pueblos del orbe, reconozcan su gloria y su poder y tribútenle honores a su nombre. Ofrézcanle en sus atrios sacrificios.

Caigamos en su templo de rodillas. Tiemblen ante el Señor los atrevidos. “Reina el Señor”, digamos a los pueblos. El gobierna a las naciones con justicia.

Segunda Lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los tesalonicenses (1, 1-5)
Pablo, Silvano y Timoteo deseamos la gracia y la paz a la comunidad cristiana de los tesalonicensescongregada por Dios Padre y por Jesucristo, el Señor.
En todo momento damos gracias a Dios por ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar las obras que manifiestan la fe de ustedes, los trabajosfatigosos que ha emprendido su amor y la perseverancia que les da su esperanza en Jesucristonuestro Señor.
Nunca perdemos de vista, hermanos muy amados de Dios, que él es quien los ha elegido.
En efecto, nuestra predicación del Evangelio entre ustedes no se llevó a cabo sólo con palabras, sino también con la fuerza del Espíritu Santo, que produjo en ustedes abundantes frutos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Evangelio
 Lectura del santo Evangelio según san Mateo (22, 15-21)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas  insidiosas, en algo de que pudieran acusarlo.
Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodespara que le  dijeran: “Maestro, sabemos que eres sincero enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredraporque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas:
¿Es lícito o no pagar el tributo al César?”
Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó:
Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo”.  Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?”
Le respondieron: “Del César”.
Y Jesús concluyó: “Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Comentario a la Palabra de Dios
            Queridos hermanos y hermanas, que el Dios de la vida permanezca siempre con todos ustedes y que la paz de Cristo habite en sus corazones y sean signo de la presencia del Amor en medio del mundo por medio de la acción del Espíritu Santo.
            El evangelio de hoy es una escena de controversia donde los fariseos buscan el modo de comprometer a Jesús en sus palabras, con el fin de hallar un motivo para acusarlo. En el texto de hoy se habla sobre el tributo debido al César.
            El censo realizado a la población y el impuesto personal que todos debían pagar, eran los signos más claros de la dominación y ocupación del imperio romano sobre Palestina.
            El problema está planteado por la pregunta hecha a Jesús: “¿Es lícito o no pagar el tributo al César?”. Tal pregunta así planteada –como dice el evangelio- era efectuada con malicia, pues intentaba poner a Jesús en una encrucijada, pues si respondía tanto con un SÍ como con un NO, iba a ser puesto en tela de juicio. Si decía que Sí, entonces se ponía de parte del imperio, del poder opresor, consentía que alguien se ponga por rey, señor y dios de todos; si decía u optaba por el No, entonces era enemigo del César y se le podía reprochar que incitaba al pueblo para no pagar el impuesto al César (como leemos en el proceso realizado a Jesús).
            Es así como la pregunta venía y tenía encerrada una cierta malicia, y por tanto, estaba realizada de tal manera para que -tanto si respondía afirmativamente como negativamente- Jesús quedara mal ante el  pueblo.
            Pero conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó:
“Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo”.  Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?” (porque en la moneda que tenía la imagen del César estaba redactado: “Tiberio César, hijo del dios Augusto”)
Le respondieron: “Del César”. Y Jesús concluyó: “Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.
            Jesús resuelve inteligente y sabiamente la situación, pues no se pone en contra de nadie, sino que pide una moneda y en ella les pregunta quién está, de ahí les dice, entonces den al César lo que es del César. Con esto Jesús indica que el poder político no está en contra ni en contradicción del poder religioso. Pero en cierto modo el poder político depende del poder religioso, pues “no tendrías poder sobre mí si no te hubiera sido dado de lo alto” (Jn 19, 11). Y la expresión: “…y a Dios lo que es de Dios”, nos sitúa en que Dios es más grande e independiente del poder político de turno. Y que sólo a Dios debemos rendirle culto, y no a un mortal.
            Por otra parte, efectivamente, los que en la vida cotidiana usan la moneda acuñada por el César, están reconociendo su soberanía sobre ellos y van legitimando así los impuestos que pagan al poder opresor.
            Es así como la respuesta de Jesús tiene su fuerza en la segunda parte: “y a Dios lo que es de Dios”, pues nos ayuda a recordar que el primer lugar y el centro de la misión es la predicación del Reino; y dar
a Dios lo que es de Dios, supone darle la primacía a Dios y poner al César en su justo lugar.
            Pidamos al señor que vivamos comprometidos con el Reino de Dios que crece y se va gestando en la sociedad; así podremos dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, viviendo realmente como buenos cristianos y honrados ciudadanos. Amén.

jueves, 6 de octubre de 2011

Vigésimo Octavo Domingo del Tiempo Ordinario - Ciclo A


Domingo 09 de Octubre, 2011

Día del Señor
Habitaré en la casa del Señor toda la vida
Muéstranos, Señor, tu misericordia

Primera Lectura
Lectura del libro del profeta Isaías (25, 6-10)
En aquel día, el Señor del universo preparará sobre este monte un festín con platillos suculentos para todos los pueblos; un banquete con vinos exquisitos y manjares sustanciosos. El arrancará en este monte el velo que cubre el rostro de todos los pueblos, el paño que oscurece a todas las naciones. Destruirá la muerte para siempre; el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros y borrará de toda la tierra la afrenta de su pueblo. Así lo ha dicho el Señor.
En aquel día se dirá: “Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara. Alegrémonos y gocemos con la salvación que nos trae, porque la mano del Señor reposará en este monte”.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial Salmo 22
Habitaré en la casa del Señor toda la vida.
El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas.

Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad.

Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes.

 Segunda Lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los filipenses (4, 12-14. 19-20)
Hermanos: Yo sé lo que es vivir en pobreza y también lo que es tener de sobra. Estoy acostumbrado a todo: lo mismo a comer bien que a pasar hambre; lo mismo a la abundancia que a la escasez.
Todo lo puedo unido a aquel que me da fuerza. Sin embargo, han hecho ustedes bien en socorrerme cuando me vi en dificultades.
Mi Dios, por su parte, con su infinita riqueza, remediará con esplendidez todas las necesidades de ustedes, por medio de Cristo Jesús. Gloria a Dios, nuestro Padre, por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Evangelio
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (22, 1-14)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
“El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.
Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: ‘Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda’. Pero los invitados no hicieron caso.
Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.
Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego les dijo a sus criados:
‘La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren’. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.
Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?’ Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados:
‘Atenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos’”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Comentario a la Palabra de Dios
            Queridos hermanos y hermanas, que el Dios de la vida permanezca siempre con todos ustedes y que la paz de Cristo habite en sus corazones y sean signo de la presencia del Amor en medio del mundo por medio de la acción del Espíritu Santo.
            La lectura del Profeta Isaías es un anuncio de lo que Dios nos promete y que vivimos en cierto modo aquí en la tierra por la amistad con Él, más allá de las pruebas por las que pasamos. Y si leemos esta lectura en la clave del Evangelio (la redención para todos, y en especial para aquellos que se abren a la invitación de Dios) nos ayuda a comprender mejor la parábola que Jesús nos regala. Hay una promesa de vida por parte de Dios que es dirigida a todos y la realización de tal promesa es el gozo, la liberación del mal, de las lágrimas, de la muerte. Y el signo más claro –y escatológico- es el banquete al cual están todos invitados: signo de la alegría que proviene de un sabernos amados y liberados de todo mal, y saciados de Dios mismo.
            El Evangelio nos muestra -mediante una parábola- lo que significa la instauración del Reino de Dios aquí en la tierra, por eso decíamos que con la primera lectura se comprendía bien su significado, pues la plenitud de tal banquete es la vida eterna, la felicidad eterna, pero para ello es necesaria nuestra colaboración. La parábola se dirige a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, es decir, se dirige a los responsables de ayudar y acompañar al pueblo de Dios a la felicidad, al bien, al encuentro con Dios. Creo que la situación creada con la llegada de Jesús, es decir, del Reino de Dios en la persona de Jesús, se describe muy bien en la parábola.
            Se nos dice de un Rey que llama a la fiesta –lo cual puede darnos a entender que se trata de Dios- y tal fiesta que celebra es la boda de su hijo –que podemos interpretar como las bodas de Jesús-. El Rey mediante sus criados hace distintas invitaciones, pero los invitados se desentienden de ello, y no sólo eso, sino que maltratan y matan a los servidores –los profetas-. La muestra de tal disconformidad está a la vista con los actos de indiferencia y de violencia.
            Sin embargo, el Rey vuelve a abrir la invitación, pero esta vez llama a todos a la fiesta, malos y buenos, hasta llenar la sala del banquete. Y lo segundo que hace es terminar con los que han rechazado la invitación y prender fuego la ciudad. Pareciera que a la parábola se le han añadido los versículos 6 y 7, que Lucas desconoce totalmente. Podría ser que estos versículos sean un agregado, fruto de la interpretación de la comunidad mateana, que puede tener su fundamento en la destrucción de Jerusalén del año 70.
            Cuando el Rey hace la invitación lo hace diciéndoles: “Todo está a punto. Vengan a la boda”; la invitación puede entenderse como un llamado a dejarlo todo y seguir la llamada, lo cual implica un cambio: “Conviértanse, el Reino de los cielos está cerca” (Mt 4, 17).
            Siguiendo la lógica de la parábola, terminaría con el versículo 10: “La sala del banquete se llenó de comensales”, es el nuevo pueblo de Dios reunido por las “bodas del Hijo” abriendo las puertas a todos, buenos y malos. Pero nuevamente nos encontramos con otro cambio, y es que en los últimos versículos se puede ver un juicio (“Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?’ Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: ‘Atenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos’”);
con esto se nos dice que no basta la llamada, sino que también debe haber una respuesta y tal respuesta debe ir acorde a la invitación recibida por el Rey (por Dios), por eso no se sigue que el pertenecer a la iglesia por ser bautizados sea un pase seguro a la entrada en el Reino, es necesaria una transformación, una conversión personal, que está expresada con la imagen del traje de fiesta a la que se refiere el Rey. El hecho concluye con la expulsión (o auto-expulsión) de la boda de aquél que no tenía traje de fiesta; él mismo se ha excluido de la salvación.
            El texto culmina con una sentencia: “muchos son los llamados y pocos los escogidos”, que podamos tomar conciencia de esta llamada-invitación que el Padre nos hace a participar de las bodas del Hijo, de la Pascua de Jesús, para que recibiendo la llamada nos acerquemos con un corazón dispuesto a la conversión y poder recibir el traje de fiesta; sabemos que no es fácil esta tarea, por eso sabemos que la fuerza proviene de Jesucristo, pues “todo lo puedo en aquel que me conforta”. Amén.